miércoles, 17 de octubre de 2012

El camino hacia la CEE



Para el politólogo alemán Ernst B. Hass los primeros años de la experiencia europea, tanto con sus éxitos (CECA) como con sus fracasos (CED y CPE), demostraban el "difícil salto" de lo económico a lo político. En su libro La Unión de Europa (1958) este autor considera la integración de los diferentes estados como un proceso progresivo derivado del spillover (o efecto inducido) de un sector sobre otros. Un proceso que, además, se lleva a cabo en un contexto en que se ha producido el incremento de la influencia de diversas élites socioeconómicas frente al anterior protagonismo del Estado-nación. 


La fotografía de Jean Monnet y los miembros de la Alta Autoridad de la CECA con el primer lingote europeo de fundición (30 de abril de 1953) simbolizó para muchos el éxito de los acuerdos europeos y la demostración de la reconstrucción industrial del continente. En esta situación de viento a favor, apoyado por el peso de concluyentes cifras de crecimiento, muchos empezaron a ver el absurdo que suponía el mantenimiento de las barreras arancelarias. La liberación de las manufacturas se imponía como una necesidad. En 1955, los presidentes de Bélgica, Holanda y Luxemburgo (Paul-Henri Spaak, Johan Willem Beyen y Joseph Bech) elaboraron el llamado «Plan Beyen», por el cual se proponía a los restantes países miembros de la CECA la idea de formar un mercado común del estilo del Benelux. El Plan Beyen constituía el germen de lo que acabaría siendo la Comunidad Económica Europea (CEE). 

El camino no fue fácil. En primer lugar, por las dudas de una Francia metida de lleno en la Guerra de Argelia (1954-1962) y en un contexto de consolidación de los bloques al consolidarse el soviético a partir de hitos como el Pacto de Varsovia (1955), el XX Congreso del PCUS (1956, que consolidaba la desestalinización) o el aplastamiento de la revolución húngara (1956). Pero será, sobre todo, la llamada Guerra del Sinaí (o Crisis de Suez, 1956) la que acabe desnivelando la balanza en favor de la CEE. La intervención de Eisenhower y la consecuente retirada de Gran Bretaña y Francia del conflicto instauraron una nueva época para las relaciones internacionales en la que la hegemonía de los EEUU era ya indiscutible. 

Ante esta evidencia, los derrotados optaron por caminos diferentes: Gran Bretaña estrechó sus lazos con su antigua colonia y Francia buscó establecer su propia hegemonía dentro de Europa. Esta actitud de Francia, como veremos más adelante, le llevó a una política de oposición frente a los EEUU y Gran Bretaña pero también a  perseverar en el proceso de integración, a pesar de su exacerbado interés por mantener su política proteccionista en el sector agrario. Los Tratados de Roma (25 de marzo de 1957), firmados en el palacio de los Conservadores del Capitolio romano, suponían la creación de la CEE y de la Comunidad Europea de  la Energía atómica (CEEA o Euratom).

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